jueves, 7 de enero de 2016

Qué es para mi ser templario, por Javi Galindo Marín


Es identidad. No es la primera vez que explicamos qué es ser templario. Nuestros familiares ajenos al temple cuestionan de vez en cuando la dedicación al grupo y las horas que se lleva una fiesta a la que muchos amigos no entienden cómo puede llevar tanto trabajo. 
Quizá tampoco entiendan nuestro vestuario, nuestra manera de desfilar o nuestra forma de saludar. Como caídos de otra época nos movemos por la ciudad sabiendo que el mundo no se ha detenido y que por eso se hace necesario festejarlo en grupo. Algunos, en ese afán empático por entendernos, han venido a apoyar su hombro con el nuestro. Y es que con la banda de música al costado, esto es más fácil de explicar.

Es fiesta. Como decía, algunos no entenderán cómo se puede trabajar tanto para una fiesta.  La diversión a través de la música, los amigos y el buen yantar entendidos no como objetivo anual sino como modo de vivir. Y es que se puede decir que gracias al temple, vivo en fiesta todo el año. Pues todas las reuniones de preparación, de construcción de decorado, de almacén… son fiesta. En esta contradicción continua nos lo pasamos bien.

Son valores. Ser templario también es mirar atrás, mirando lo que se fue y rescatando aquellos valores positivos que se resumen en un escudo con dos caballeros templarios. Austeridad, solidaridad y compañerismo. Porque hacemos la fiesta que podemos, porque compartimos el esfuerzo por un mismo objetivo y porque cada uno sabe dónde debe estar en cada momento, empujando para que todo funcione.

Es familia. Este es uno de los aspectos más importantes, y tiene que gustarte. En cuanto entras a templarios te crecen los primos, los tíos y los sobrinos. Todos formamos la gran familia del temple y realmente entiendes que el concepto de familia puede ser muy diverso. Porque eres acogido como si llevaras con ellos cien años. Porque desde el primer segundo tu actitud y tus acciones influyen en el temple.  

Ser templario es un sentimiento profundo. Ligado a tu identidad. Y es que cuando me preguntan qué soy, puedo hablar de mi profesión, de mi origen local, de mi pasado, de mis gustos y de mi nombre. Pero no sería yo sin afirmar

Soy templario