Hace
nueve años conocí la fiesta de Moros y Cristianos desde dentro, como se vive y
se disfruta de ella de mano de una gran amiga y su familia.
Ellos me han enseñado año tras año a desfilar llevando el
paso. No conocía las marchas cristianas y ahora en cuanto empiezo a escuchar
una el pie se va solo y ya no me tienen que decir “Inma, llevas el paso
cambiado”.
También a llevar los trajes del Temple, tanto la
guerrilla, que me dejaron prestada el
primer año, y el traje de dama, que recuerdo con mucha emoción el primer año
que desfilé con él. También recuerdo con mucho cariño el año que me presente
como abanderada junto a Mariola, mi abanderada infantil. Ese año fue muy
bonito, nos sentimos como unas reinas, todo el mundo estaba pendiente de
nosotras, vivimos muchas experiencias.
No se puede expresar con palabras escritas la emoción que se
siente al ver al Temple desfilando y disfrutando de la fiesta y una al mismo
tiempo con ellos.
Por eso, y mucho más, muchas gracias por acogerme y dejarme
pertenecer a esta gran familia Templaria.
